La violencia como un problema de salud pública
Introducción
“La salud pública es un quehacer complejo, socialmente organizado y participativo, en el cual le corresponde un rol fundamental al Estado de promoción social de la salud”
La salud al ser un derecho fundamental para todos los seres humanos, debe ser promovida mediante acciones que velen por el bienestar. Si bien, cuando se habla de salud se piensa que este concepto hace referencia únicamente al estado físico, el componente psicológico y emocional es igual de importante.
Como parte de esta discusión, la prevención de la violencia hacia la niñez, juventud, adultez y personas de la tercera edad es más que necesaria, puesto que la violencia no solo entra dentro de los problemas sociales, sino que también es una problemática de salud pública.
La salud mental es un componente importante e indisoluble de la salud, y se puede definir como un estado de bienestar en el que la persona es capaz de desenvolverse, hacer frente a las adversidades y situaciones de la vida cotidiana, de trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad de manera armoniosa y eficiente.
Asimismo, la salud mental concibe al ser humano como un ser global integrado por componentes biológicos y psicológicos en constante interacción con los diferentes entornos: el familiar, social, cultural, político, económico, e incluso el ambiental. De ahí la importancia de los aspectos y la salud psicosocial para el funcionamiento y desarrollo de la persona como un ser individual y social.
Por lo tanto, la necesidad de acción por parte del gobierno, de las instituciones y personal de salud y de la comunidad para proteger y promover la salud de toda la población es más que imperante.
Impacto de la violencia en la salud mental: el desarrollo de somatizaciones
En el ámbito de la salud, durante muchos años, se han desarrollado gran cantidad de diversas teorías en relación con el funcionamiento y tratamiento del cuerpo (es decir, el aspecto físico) y de la mente (el aspecto psicológico). A pesar de esto, estas teorías tratan el cuerpo y la mente como si fueran dos elementos sin relación alguna, más que para garantizar la vida de los seres humanos de forma consciente y funcional.
A pesar de que se obvia o se deja de lado el ámbito psicológico y su conexión con el ámbito corpóreo, es posible que las personas desarrollen algunos trastornos mentales cuya existencia reitera la relación entre los dos aspectos y aluden a un elemento psicológico incorpóreo (Torres, 2015, p. 21). Es aquí donde entran en consideración las somatizaciones.
Las somatizaciones son un conjunto de síntomas físicos, que pueden llegar a producir diferentes niveles de malestar, pero que no pueden ser explicados por medio de los principios de revisión física médica. En otras palabras, hay un malestar fisiológico al cual no se le puede encontrar causa mediante un examen médico común, por lo que la atención del diagnóstico y del tratamiento se enfoca en el Sistema Nervioso Somático, el cual es el responsable de captar la información sensorial del entorno (López Santiago & Belloch, 2002, p. 78).
A partir de estas consideraciones, localizar el origen de una afectación en el sistema nervioso puede resultar en un proceso complejo de localización, a diferencia que si fuera en partes específicas del cuerpo; y por lo tanto, son también difíciles de explicar.
No obstante, existen una serie de elementos que se pueden denominar como las causas principales. Se ha encontrado que llevar una vida cargada de estresores severos y de altos grados de ansiedad, estrés u otros problemas emocionales, pueden no solo incapacitar las funciones normales de una persona, también pueden contribuir en el desarrollo de somatizaciones.
Las somatizaciones al tener un componente situacional, es muy posible que sean desencadenadas por situaciones de violencia, ya sea agresiones físicas, emocionales o, inclinándose por una perspectiva colectiva, violencia promovida por las acciones de una institución, sistema o del Estado mismo. Como reitera Larizgoitia (2006) “entre el 30 y el 60% de los afectados por violencia grave pueden desarrollar alteraciones (psicológicas)”
Si bien la somatización está relacionada con la regulación emocional, no significa que los síntomas físicos no sean reales. Es por esto que para tratarlas no solo se debe entender y analizar al individuo en cuestión, sino también la relación que tiene con su entorno, la relación entre víctima-victimario y la resistencia psicológica.
Violencia doméstica contra hombres: un fenómeno silencioso
Históricamente, la figura masculina se ha visto envuelta en múltiples estereotipos caracterizados por la fuerza física, su rol tanto en el hogar como en la sociedad, y por su insensibilidad y carencia de emociones, un caso completamente opuesto al imaginario creado alrededor de la mujer.
Cuando se habla de la violencia doméstica, muy comúnmente las personas asumen que se trata de un evento en el que un hombre abusa de su pareja, una mujer. Si bien es cierto que los casos de violencia hacia la mujer y los feminicidios en el país han ido en un aumento exponencial durante la última década, y mucho se habla acerca de estos en redes sociales, noticias, entre otros medios de comunicación; no es muy común escuchar sobre la violencia doméstica que se ejerce en contra de los hombres, a pesar de que sucede más habitualmente de lo que se cree. Esto es lo que convierte a este fenómeno en uno silencioso.
Es importante destacar que como violencia en una relación se puede entender cualquier agresión de naturaleza física, psicológica, emocional o sexual, que tenga el objetivo de mantener el control sobre la otra persona. Este tipo de violencia no se circunscribe exclusivamente a las mujeres, puesto que también está la violencia puede ser ejercida en otros miembros del núcleo familiar: niñez, progenitores, adultos mayores y, en este caso en específico, hombres.
Sentimientos de vergüenza, poca credibilidad por parte de las autoridades, minimización y normalización de los abusos, negación del problema, la idealización, e incluso temor por reconocer públicamente su identidad sexual, en el caso de los hombres homosexuales, son algunos de los motivos principales por los cuales un hombre puede no llegar a denunciar su rol como víctima en una situación de violencia. Es por esto que el conocimiento de la prevalencia de estas manifestaciones aún se encuentra altamente limitado (Campos Santelices, 2022, p. 65).
Es indudable que el sector sanitario puede contribuir en tales escenarios, en conjunto con otros sectores sociales, al estudio, la comprensión y el diseño de soluciones para esta problemática tan presente y al mismo tiempo tan poco discutida en la sociedad. Asimismo, el sector salud constituye un elemento clave en la prevención, el tratamiento y la rehabilitación del hombre (o de la persona, en general) tras haber sufrido una experiencia de maltrato. (Campos Santelices, 2022, p. 65)
También, puede desempeñar un papel decisivo en la percepción de las actitudes y conductas que contribuyen a la violencia en contra del hombre, así como en las actitudes perjudiciales no solo a nivel salud, sino también de otras personas profesionales de otros sectores. Todas estas acciones pueden fomentar la confianza en la respuesta del sector de la salud y alentar a dar a conocer los casos de abuso, y obtener servicios de atención y remisión basados en los derechos básicos.
El trauma como fenómeno intergeneracional
Se sabe bien que el desarrollo en diversas áreas durante la infancia influye en la salud, el comportamiento y el desempeño de un infante, tanto durante sus años jóvenes como en la adultez. De ahí deriva la importancia de crear un ambiente saludable, seguro y estimulante para el desarrollo físico, cognitivo, psicológico, emocional y social de la niñez.
Actualmente, existen muchos factores que pueden desencadenar en problemas psicosociales que vulneran la salud de los jóvenes, tales como el acoso, cyberbullying, el acceso a las drogas, entre otros. No obstante, existen otras maneras en que las personas jóvenes pueden llegar a desarrollar alteraciones emocionales o psicológicas.
El fenómeno de la transmisión intergeneracional del trauma, o trauma intergeneracional, hace referencia a un proceso en el cual las vivencias traumáticas de los progenitores afectan de manera negativa a sus hijos e hijas en cuanto a su desarrollo socioemocional y, en general, su salud mental.
La transmisión intergeneracional del trauma también puede comprenderse como el impacto constante de eventos y situaciones traumáticas que ocurrieron en generaciones anteriores y siguen impactando a la generación actual. Este trauma puede ser transmitido mediante diversa variedad de factores que se manifiestan en forma de “círculos viciosos”, como los procesos epigenéticos, que se definen como el conjunto de reacciones químicas que modifican la actividad del ADN sin alterar su secuencia, que aumentan la vulnerabilidad a diversos trastornos psiquiátricos; los patrones de comportamiento abusivo o descuidado; malas relaciones entre padres e hijos; creencias negativas sobre la crianza de los hijos; trastornos de personalidad; abuso de sustancias; y violencia doméstica, tanto física como emocional, e incluso sexual. (Pitillas Salvá, 2021, p. 34)
Estos factores son considerados como círculos viciosos puesto que para muchas personas y familias, la crianza descuidada y las relaciones familiares alejadas y conflictivas no representan un verdadero problema, la salud mental no es posicionada como un asunto inconveniente, por lo que nunca son tratados con la ayuda médica ideal, o bien, dichas problemáticas son completamente ignoradas. Es así como estos patrones se repiten y terminan afectando a la descendencia.
Dicha descendencia puede terminar mostrando lo que se denomina como secuelas psicológicas, entre las cuales se cuentan los altos niveles de dependencia y apego inseguro, comportamientos antisociales, y mayor predisposición a desarrollar TEPT (Trastorno de estrés postraumático), así como trastornos del humor y ansiedad.
Asimismo, estas secuelas no se limitan al ámbito psicosocial, dado que también pueden extenderse a la salud física, volviendo a la persona más vulnerable a infecciones, distintos tipos de cáncer, enfermedades pulmonares crónicas, artritis, diabetes y problemas cardiovasculares. (Pitillas Salvá, 2020, p. 47)
Este fenómeno de transmisión del trauma parental podría explicar la persistencia de las secuelas en la salud mental de las comunidades que históricamente han sido más vulneradas y dejadas de lado por el estado; incluso si los periodos mayores de conflicto desistieron tiempo atrás.
Desigualdad en el acceso a la salud
Costa Rica ha sido un país privilegiado en temas de salud, dado a la existencia de la Caja Costarricense del Seguro Social, la dedicación de fondos del estado al sector de salud e higiene y a los altos niveles en los indicadores de salud de las últimas décadas, dentro de los cuales se pueden mencionar aspectos como la disminución de la mortalidad infantil y el aumento en la expectativa y en la calidad de vida.
Sin embargo, a pesar de estos privilegios a nivel salud con los cuales cuentan las personas costarricenses y habitantes del territorio, existen grupos que sufren de la desigualdad socioeconómica que promueven los diversos órganos gubernamentales. Por lo tanto, esto vulnera a dichos grupos no solo en su posibilidad a tener acceso a la educación, recursos y necesidades básicas, también afecta su posibilidad de recibir la atención médica básica o necesaria en caso de una emergencia.
La desigualdad social en la salud pública se ve reflejada en la falta de accesibilidad, exclusión y violencia desde dentro del sistema, problemáticas que impactan directamente a personas que viven en situaciones precarias o dentro de los cantones más pobres del país (como Calle Blancos y La Carpio), la población perteneciente a los diversos grupos indígenas, los inmigrantes (sobre todo los que provienen de Venezuela y Nicaragua, dada la situación sociopolítica y económica actual de ambos países) y la población asiática y afrodescendiente. (Campos Santelices, 2022, pp. 241-243)
Estos procesos de exclusión en este sector someten a los anteriormente mencionados grupos demográficos a condiciones de vida indignas y que atentan contra uno de los derechos humanos más básicos; y que, históricamente, han sufrido no solo de olvido y exclusión por parte del Gobierno Central, sino también de racismo sistematizado, inequidad y xenofobia.
Pueblos indígenas de Costa Rica: localización y desafíos
Bibliografía
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Castro, C. (16 de noviembre de 2022). Costa Rica alcanzó el nivel de desigualdad más alto de los últimos 35 años. CRHoy. https://www.crhoy.com/nacionales/costa-rica-alcanzo-el-nivel-de-desigualdad-mas-alto-de-los-ultimos-35-anos/
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La Nación Costa Rica. (10 de octubre de 2018). Violencia doméstica hacia los hombres: ¿por qué no se habla del tema?. YouTube. (102) Violencia doméstica hacia los hombres: ¿Porqué no se habla del tema? - YouTube
Larizgoitia. I. (2006). La violencia también es un problema de salud pública. Barcelona, España.
López Santiago, J. y Belloch, A. (2002). La somatización como síntoma y como síndrome: una revisión del trastorno de somatización. Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología: Valencia, España.
Pitillas Salvá, C. (2021). El daño que se hereda: Comprender y abordar la transmisión intergeneracional del trauma. Desclée de Brouwer
Profesor Carlos Cháves. (25 de julio de 2020). Pueblos INDÍGENAS de Costa Rica (Localización y desafíos). YouTube. (109) Pueblos INDÍGENAS de Costa Rica (Localización y Desafíos) - YouTube
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Redacción Diario Extra. (20 de noviembre de 2019). Violencia contra los hombres: una realidad. Diario Extra. Diario Extra - Violencia contra los hombres: una realidad
Torres, A. (2015). Somatización: la conexión entre el cuerpo y la mente. Barcelona, España.


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